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His Highness the Aga Khan

"La Conferencia Peterson" de Su Alteza el Aga Khan en la Reunión Anual del Bachillerato Internacional (IB, por sus siglas inglesas), para celebrar su 40 Aniversario (Atlanta, Georgia, USA)

18 April 2008

 

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Dra. Monique Seefried, Presidenta del Consejo Directivo de IB
Miembros del Consejo Directivo
Sr. Jeffrey Beard, Director General de IB
Educadores y estudiantes de la comunidad IB
Invitados distinguidos

Es un gran privilegio para mí estar hoy con ustedes; ya hace tiempo que estoy deseando asistir a esta reunión. Le estoy especialmente agradecido a Monique Seefried por su generosa presentación, y por describir tan maravillosamente bien tanto el contexto local como el global en los que nos reunimos.

Esta es una ocasión particularmente importante para mí por varias razones:

Por supuesto, es importante por que marca el 40 aniversario de lo que yo considero que es una de las grandes instituciones de enorme influencia de nuestra era: el programa del Bachillerato Internacional (IB). Digo esto porque el programa IB encarna una poderosa idea: la confianza en que la educación puede reestructurar la forma en la que el mundo piensa de sí mismo.

Es para mí un gran honor dar esta conferencia en particular; la Conferencia Peterson en sí, también tiene un gran legado. Celebra como corresponde la vida y obras de Alec Peterson, cuyo liderazgo intelectual y moral ha sido un elemento principal para esta organización y para toda persona a la que ha influido.

La primera invitación que recibí para ser el Conferenciante de Peterson me dio una lección de humildad. Esta sensación de deferencia aumentó, debo confesar, cuando empecé a examinar la distinguida lista de anteriores conferenciantes. Y luego tome otro paso; leí lo qué habían dicho estas personas a lo largo de los años, y me sentí aún más profundamente impresionado ante la responsabilidad de esta tarea.

Las Conferencias Perterson, todas reunidas, confeccionarían una maravillosa lista de lecturas para un excelente curso universitario que tratase el tema de la educación internacional. Tras examinarlas, ¡me pregunté si quedaba algo por decir sobre el tema! Pero si alguien incorporase algún día estas conferencias en un plan de estudios universitarios, ¡quizás sería apropiado que mis comentarios de hoy se clasificasen bajo el titular "lectura adicional opcional"!

Finalmente, esta ocasión tiene un significado especial para mí porque, como posiblemente sepan, acontece en mi 50 aniversario como líder espiritual, o Imán, de los musulmanes Shia Ismaili. Por lo tanto, hoy estamos celebrando tanto un 40 como un 50 aniversario: y ambos nos brindan grandes oportunidades para conectar nuestro pasado con nuestro futuro, nuestras raíces con nuestros sueños.

Tuve una sorpresa bastante asombrosa al examinar los textos de antiguas Conferencias Peterson. ¡No sólo uno, sino dos de los discursos de los últimos años, citaban a mi abuelo! Fue de él, Sir Sultan Mahomed Shah Aga Khan, que yo heredé mi cargo actual en 1957. También heredé de él un profundo interés en el fomento de la educación, especialmente en el mundo en desarrollo. Estos dos temas, educación y desarrollo, han sido el eje central de mi propia labor en los últimos cincuenta años, y formarán el tema principal de mis comentarios de hoy.

Muy poco después de terminar la 2a Guerra Mundial, a mi hermano y a mí nos enviaron a un colegio de Suiza llamado Le Rosey, y al cabo de unos años, un nuevo entrenador de remo se integró al colegio, y nos dijeron que también sería entrenador del equipo de hockey sobre hielo durante el trimestre de invierno. Se llamaba Vaclav Rubik, y aunque no era el famoso del cubo de Rubik, al igual que el cubo presentaba retos estimulantes. Era unos de los deportistas con más talento e inteligencia que he conocido en mi vida. Formaba parte del equipo nacional checo de hockey sobre hielo, que ha sido uno de los mejores del mundo, y también estaba con los Ochos y los Cuatros sin timonel. Su esposa estaba en el equipo nacional checo de hockey sobre hielo. Le Rosey fue muy afortunado por tener a su disposición a dos atletas excepcionales para entrenar. Pero Vaclav Rubik presentaba otra dimensión. Tenía un doctorado en Derecho, y él y su esposa eran refugiados políticos que habían huido recorriendo a pie todo el trecho desde Checoslovaquia hasta Suiza. Él era un tipo carismático, y tras sólo un par de años de entrenamiento consiguió reunir a un equipo de Cuatros menores de 18 años, que ganaron casi todas las carreras en las que compitieron, incluyendo el Campeonato Nacional de Suiza para todas las edades.

Solíamos pasar largas horas en autobús de una competición de remo a otra, y de un partido de hockey de hielo a otro. Recuerdo que le pregunté qué pensaba hacer, ya que no podía creer que un hombre de tal calidad permaneciera indefinidamente en su cargo de entrenador de deportes en un pequeño colegio de Suiza. Su respuesta fue que había solicitado a los Estados Unidos que lo aceptaran como refugiado político, y que en cuanto se lo permitieran iría allí. Le pregunté que cómo se ganaría la vida cuando fuera a Estados Unidos, ya que estaba seguro de que no iba a querer seguir su carrera como entrenador de deportes, y su respuesta me quedó grabada en la mente. Dijo: "mi esposa y yo huimos de Checoslovaquia sin nada, aparte de la ropa que llevábamos puesta y los zapatos que calzábamos, pero tengo una buena educación, y cuando llegue a Estados Unidos, esto es lo que me permitirá obtener el tipo de empleo que yo desee. Cuando abandonó Le Rosey, perdí un poco el contacto con él, y lo último que oí es que se había convertido en un ejecutivo muy superior de la compañía de máquinas de coser Singer.

La moral de la historia está clara: puede que tengas lo bolsillos vacíos, y que sólo tengas la ropa y los zapatos que llevas puestos, pero si cuentas con una mente instruida serás capaz de aprovechar las oportunidades que te arroje la vida y podrás volver a empezar.

Sospecho que muchos de los miembros de la comunidad Ismaili, al igual que otros asiáticos que fueron expulsados por Idi Amin de Uganda, que se labraron unas nuevas vidas colmadas de éxito en otras partes del mundo, les contarían la misma historia.

De buen principio, la Organización del Bachillerato Internacional entendió esta verdad fundamental. Pero ahora que entramos en un nuevo siglo, quisiera combinar mis palabras de felicitación y encomio con algunas palabras que cuestionen y desafíen.

¿Cuáles son el destino y propósito finales del IB en las sociedades en desarrollo, y en un contexto musulmán? ¿De qué manera pueden contribuir esos mundos a la comunidad IB? ¿Y cómo pueden unas instituciones arraigadas en distintas tradiciones culturales trabajar óptimamente en cooperación para tender un puente sobre unos mundos que con demasiada frecuencia han estado ampliamente divididos?

Como punto de partida para tratar estas cuestiones, recurro a las palabras de mi abuelo que fueron citadas en dos Conferencias Peterson anteriores. Él las incluyó en un discurso que dio en su cargo de Presidente de la Liga de Naciones en Ginebra hace unos 70 años. Provienen originariamente del poeta persa Sadi, que escribió:
"Los hijos de Adán, creados con el mismísimo barro, son miembros de un solo cuerpo. Cuando un miembro sufre, todos los miembros sufren. ¡Oh Vos, que sois indiferente al sufrimiento del prójimo, sois indigno de que os llamen hombre!".

En seguida comprenderán por qué tales palabras parecen apropiadas para una Conferencia Peterson. Hablan del valor fundamental de un vínculo humano universal –un don del Creador– que requiere y valida nuestros esfuerzos para educar para una ciudadanía global.

También quisiera citar una declaración infinitamente más poderosa sobre la unidad de la humanidad, ya que proviene directamente del Sagrado Corán; y les ruego que reflexionen sobre ella. El Sagrado Corán se dirige no sólo a los musulmanes, sino a toda la raza humana, cuando dice:
“¡Oh humanidad! Cuidado con vuestro deber con el Señor, que os creó a partir de una sola alma, y de ella creó su pareja, y ellos dos se multiplicaron hasta crear una multitud de hombres y mujeres.".

Estas palabras reflejan una comprensión espiritual profunda –un imperativo Divino, si se quiere– que, en mi parecer, debería formar la base de nuestros compromisos educativos. Esta es la razón por la que, a pesar de nuestras diferencias, vemos a la humanidad como hijos de Dios nacidos de una sola alma, e insistimos en alcanzar más allá de los límites tradicionales cuando deliberamos, comunicamos y educamos internacionalmente. La declaración de principios del IB lo expresa con extrema claridad: "para fomentar que los estudiantes de todo el mundo se conviertan en unas personas activas y compasivas que se pasan la vida aprendiendo y que comprenden que otras personas, con sus diferencias, también pueden tener razón".

La comunidad IB ha dedicado mucho tiempo y esfuerzo para reflexionar y determinar qué significa para los estudiantes cobrar conciencia de un mundo más amplio, y para tratar con eficacia tanto su desconcertante diversidad como su creciente interdependencia. El programa IB ha estadio lidiando enérgicamente con uno de los interrogantes básicos de esta era: cómo tener en cuenta dos retos considerablemente diferentes.

El primer reto es el hecho de que el mundo es cada vez más "un solo lugar", un maravilloso entramado de interacciones globales que trascienden las líneas divisorias y la separación que han caracterizado a la mayor parte de la historia. Esta ola de interdependencia que se acelera es algo que primero definimos como "internacionalización" cuando se lanzó el programa IB ahora hace 40 años. Ahora nos referimos a ella como "globalización". Ello conlleva tanto miles de bendiciones como graves riesgos, entre ellos el peligro que la globalización se convierta en sinónimo de homogeneización.

¿Por qué sería tan peligrosa la homogeneización? Porque la diversidad y la variedad constituyen uno de los dones más bellos del Creador, y porque un profundo compromiso hacia nuestra propia singularidad forma parte de lo que significa ser humano. Sí, necesitamos establecer nexos de conexión a través de las culturas, pero cada cultura debe honrar su sentido individual especial.

La desventaja de la globalización es la amenaza que puede presentar a las identidades culturales.

Pero existe un segundo reto importante que se está intensificando en nuestro mundo. De cierta manera es exactamente lo contrario al impulso de la globalización. Me refiero a la creciente tendencia hacia la fragmentación y el enfrentamiento entre los pueblos. En una época de inseguridad cada vez mayor, el orgullo cultural puede convertirse con demasiada frecuencia en un esfuerzo para normalizar la cultura propia. La búsqueda de la identidad puede convertirse entonces en un proceso exclusivista: de modo que nos definimos menos por las cosas de las que estamos A FAVOR que de las que estamos EN CONTRA. Cuando ocurre esto, la diversidad pasa rápidamente de ser una fuente de belleza a ser una causa de la discordia.

Yo creo que la coexistencia de estos dos impulsos en aumento, lo que podría llamarse nuevo globalismo por una parte y nuevo tribalismo por la otra, será un reto central para los líderes en educación en los años venideros. Y esto será particularmente verdadero en el mundo en desarrollo, con su calidoscopio de identidades diferentes.

Como puede que ya sepan, mis pensamientos y mi trabajo se han centrado en el mundo en desarrollo durante toda mi vida, y heredé de mi abuelo una tradición de compromiso a la educación. Hace un siglo, él empezó a construir una red de unos 300 colegios en el mundo en desarrollo, los Servicios de Educación Aga Khan, además de fundar la Universidad Aligarh en India.

El legado que estoy describiendo se remonta, de hecho, a más de 1000 años, a la época en que nuestros antepasados, los imanes-califas de Fatimid de Egipto, fundaron la Universidad Al-Azhar y la Academia de los Conocimientos en El Cairo. Durante muchos siglos, el compromiso al aprendizaje fue un elemento central de las culturas islámicas remotas. Este compromiso ha continuado en mi propio imanato mediante la fundación de la Universidad Aga Khan y la Universidad de Asia Central, y mediante el reciente establecimiento de un nuevo Programa de Academias Aga Khan.
Y es aquí dónde convergen nuestro camino y el de ustedes.

Como ya han oído, el plan de estudios de nuestras Academias se centra en el programa IB. Esperamos que la red de Academias Aga Khan se convierta en un eficaz puente de enlace para extender más ampliamente el Programa IB hacia el mundo en desarrollo.

Cada uno de ustedes conoce bien el lado IB de este puente. Se me ocurrió que podría añadir unas cuantas palabras sobre el lado del puente que trata sobre las Academias, y sobre mi propósito de iniciar esta red internacional de colegios de alta calidad.

Nuestro Programa de Academias radica en la convicción que el liderazgo indígena eficaz será la clave del progreso en el mundo en desarrollo, y a medida que acelera el ritmo del cambio, está claro que la mente y el corazón humanos serán factores centrales para determinar la riqueza social.

Pero, lamentablemente, la capacidad para alcanzar el potencial de la base de recursos humanos sigue siendo limitada en demasiadas partes del mundo en desarrollo. Demasiados de quienes deberían ser los líderes del mañana se están dejando atrás hoy; e incluso los estudiantes que se las arreglan para conseguir una buena educación a menudo persiguen sus sueños en lugares remotos –y nunca regresan a casa. El resultado es una creciente brecha entre el liderazgo que necesitan estas comunidades y el liderazgo que facilitan sus sistemas educativos.

Durante una gran parte de la historia humana, los líderes han nacido en su cargo, han luchado para conseguirlo, o bien han comprado su puesto. Pero en este nuevo siglo, una era de inusitado peligro y promesa de grandes cambios, es fundamental que las aristocracias de clase cedan el paso a las aristocracias de talento –o para usar un término aún mejor– la meritocracia. ¿No es acaso un concepto fundamental de la democracia misma, que el liderazgo debería elegirse basándose en el mérito?

Educar para el liderazgo debe implicar algo más que el mero desarrollo de las aptitudes de memorización. Ser muy competente en las aptitudes de memorización no es lo mismo que ser culto. Y la formación que desarrolla aptitudes, por muy importante que sea, es distinto a instruir en el arte y la ciencia del pensamiento.

La tentación de inculcar, en vez de educar, es comprensiblemente fuerte entre las poblaciones que llevan mucho tiempo frustradas. En muchos de estos lugares, las emociones públicas fluctúan entre la impaciencia amarga y el escepticismo indiferente –y ni la impaciencia ni la indiferencia son entornos favorables para fomentar el pensamiento razonado.

Pero en una era de cambios a un ritmo cada vez más acelerado, cuando incluso las aptitudes más sofisticadas pronto se vuelven obsoletas, encontraremos a numerosos aliados en el mundo en desarrollo que están empezando a comprender que la aptitud más importante que cualquiera pueda tener es la capacidad de seguir aprendiendo.

En un mundo de rápidos cambios, una mente ágil y adaptable, un temperamento pragmático y cooperativo y una fuerte orientación ética son cada vez más la clave para un liderazgo eficaz; y a esta lista le agregaría una capacidad de humildad intelectual que mantiene la mente constantemente abierta a una variedad de puntos de vista y que recibe gratamente al intercambio pluralista.

A largo plazo, estas capacidades serán de importancia crítica para el mundo en desarrollo. Pues resulta que estas son las mismas aptitudes que los programas como el IB –y las Academias Aga Khan– se proponen suscitar e inspirar.

Las Academias tienen una doble misión: facilitar una educación excelente a estudiantes excepcionales de diversos orígenes, y proporcionar una formación de clase mundial para un creciente cuerpo de profesores inspiradores.

En estas 18 Academias, en las que cada una educa entre 750 y 1200 estudiantes de primaria y secundaria, esperamos contar con un profesor por cada 7 alumnos, y pondremos un enorme énfasis en contratarlos, formarlos y compensarlos bien. Esperamos que se conviertan en eficaces modelos de conducta para otros profesores en sus regiones.

Para este fin, esperamos en el próximo año aproximadamente inaugurar nuevos Centros de Desarrollo Profesional para educación de profesores en India, Bangladesh, Mozambique, y Madagascar. Se tienen en marcha planes parecidos en Afganistán, Pakistán, Siria, Tanzania y Uganda. Estos Centros de Desarrollo Profesional operarán antes de que abramos las puertas a los estudiantes.

En definitiva, nuestra estrategia empieza con una buena enseñanza. Primero, tenemos que enseñar a los profesores.

A medida que, de una en una, se van abriendo Academias, estas irán ofreciendo acceso basado en mérito, campus residenciales e instrucción en dos idiomas. Esta política del idioma es un ejemplo de nuestro deseo de conciliar lo particular con lo global. El inglés habilitará a quienes completen los estudios a participar plenamente en el panorama internacional, a la vez que la instrucción en la lengua materna permitirá que los estudiantes accedan a la sabiduría de su propia cultura.

Conciliar lo particular con lo global requerirá ejercer mucho cuidado y sabiduría, e incluso algunas pruebas en el campo, para asegurar que sea realmente posible crear un programa de estudios que responda con eficacia tanto al impulso global como al tribal. Mientras que esto será una hazaña por sí misma, también será importante sintonizar bien con preocupaciones muy prácticas como el carácter de los exámenes de acceso a la universidad de cada país, y los recursos humanos requeridos por los planes de desarrollo multiaño de cada país.

Las Academias han pensado con mucho detenimiento sobre los componentes que describiríamos como globales en nuestro plan de estudios. Nos proponemos hacer especial hincapié en el valor del pluralismo, las dimensiones éticas de la vida, la economía global, un estudio general de las culturas del mundo (incluyendo las civilizaciones musulmanas) y sistemas políticos comparativos. Los profesores de IB con experiencia ya nos han estado ayudando a integrar estas importantes áreas de enfoque en el programa de estudios de las Academias.

Muchos alumnos estudiarán también por lo menos un año en otras partes de la red de Academias, fuera de su país de origen, y por supuesto hemos estipulado que nuestro programa debería cualificar a nuestros estudiantes para el diploma del Bachillerato Internacional. El cuerpo docente también tendrá la oportunidad de vivir en nuevos países, aprender nuevos idiomas y participar en nuevas culturas.

Es posible que se pregunten en qué se basaron los Servicios de Educación Aga Khan y el Programa de las Academias para decidir añadir nuevas asignaturas al programa de estudios de las Academias, y pensé que podía ser útil que se lo ilustrase.

Por lo que a pluralismo se refiere, ha sido nuestra experiencia que en muchísimos países de Europa, Asia, África, Oriente Medio y otras partes, el hecho de que diferentes pueblos no puedan vivir en paz el uno con el otro ha sido causa de una importante fuente de conflictos. La experiencia nos indica que la gente no nace con la capacidad innata ni el deseo de ver al Prójimo como a individuos iguales en la sociedad. El orgullo de una identidad propia puede ser tan fuerte que oculte el valor intrínseco de las otras identidades. El pluralismo es un valor que debe enseñarse.

Con relación a la cuestión de la ética, vemos a la sociedad civil competente como a un principal contribuidor hacia el desarrollo, especialmente donde las democracias son débiles o donde los gobiernos han acabado siendo disfuncionales. Por lo tanto, nos preocupa la calidad de la ética en todos los componentes de la sociedad civil, y rechazamos la noción de que la ausencia de corrupción o fraude en el gobierno sea ni muchos menos suficiente como para asegurar un entorno habilitador limpio y riguroso para cada individuo. El fraude en la medicina, el fraude en la educación, el fraude en los servicios financieros, el fraude en los derechos de propiedad, el fraude en el ejercicio del cumplimiento de la ley o en los tribunales, son riesgos que tienen un efecto dramático en el desarrollo de los pueblos. Esto es especialmente verdad en los ambientes rurales donde viven la mayoría de las personas del mundo en desarrollo, pero donde el fraude no suele notificarse ni corregirse, sino que simplemente se acepta como una condición inevitable de la vida.

Educar para la economía global será también esencial para asegurar que los sistemas económicos que han fracasado en el pasado sean sustituidos. Pero esto no debe significar una simple aceptación de los desequilibrios y las desigualdades asociados con la nueva economía global de hoy día. Necesitamos desarrollar un consenso general que se concentre en crear un entorno económico global que sea universalmente justo.

Nuestro programa enseñará también acerca de las culturas del mundo. Los conflictos interculturales surgen inevitablemente a partir de la ignorancia intercultural –y al combatir la ignorancia también reducimos el riesgo de conflictos.

Finalmente, queremos educar sobre sistemas políticos comparativos de modo que cada vez más personas en el mundo en desarrollo puedan emitir un juicio de valor competente sobre su Constitución, su sistema político, y sobre cómo pueden fomentar mejor unos enfoques democráticos que estén bien adaptados a sus necesidades. Los referendos públicos, para aprobar una nueva Constitución, por ejemplo, tienen poco sentido cuando requieren que emitan su juicio personas que no comprenden las preguntas que les hacen, ni las alternativas que deberían estar considerando.

Estás áreas de asignaturas planeadas comparten dos características: Todas repercuten en un gran número de países de todos los continentes de nuestro mundo, y tratan problemas que necesitarán décadas para resolverlos. Y mientras las Academias han obtenido un progreso razonable en la definición de las áreas generales del plan de estudios, debo ser franco y debo señalar que las asignaturas más tribales, específicas a países individuales, o quizás a regiones, son áreas para las que todavía queda mucho trabajo por hacer, y donde de hecho deberíamos esperar pasar por un proceso paso a paso, cortando la tela a la medida para adaptarla a los requisitos de cada situación individual.

Lo que esperamos crear, en definitiva, es una red de 18 laboratorios educativos que compartan una propósito común preponderante, y en la que cada uno aprenda de las experiencias particulares de los otros.

La primera Academia Aga Khan se inauguró en Kenia hace cuatro años, y la primera cohorte de diplomados en IB completaron sus estudios el junio pasado. La calidad de su labor académica, incluyendo su éxito en los exámenes IB, junto con su historial de servicio a la comunidad, nos llenan de optimismo para el futuro.

A medida que avanzamos hacia ese futuro, nos gustaría colaborar con el movimiento del Bachillerato Internacional en una nueva aventura docente desafiante, pero inspiradora. Juntos, podemos ayudar a reformar la mismísima definición de lo que es un ciudadano global culto, y podemos empezar este proceso cubriendo la brecha de aprendizaje que radica en el corazón de lo que algunos han llamado un Choque de Culturas, pero que yo siempre he sentido que se trataba más bien de un Choque de Ignorancias.

En los años venideros, ¿acaso no deberíamos esperar que un estudiante en un colegio IB de Atlanta supiera tanto acerca de Jomo Kenyatta o Muhammad Ali Jinnah como un estudiante en Mombasa o Lahore supiera sobre el gran hijo de Atlanta, el Reverendo Doctor Martin Luther King, Jr.? ¿Acaso un estudiante Bangladeshí de IB que lea poemas de Tagore en la Academia Aga Khan de Dhaka no debería también descubrir las obras de los Premios Nobel en literatura como el novelista turco Orhan Pamuk, o William Faulkner o Toni Morrison de EE.UU.?

¿Acaso el estudio de la arquitectura medieval no debería incluir tanto la Catedral Chartres de Francia como la mezquita de Djenne en Mali? ¿Y acaso los estudiantes de ciencias de IB no deberían aprender sobre Ibn al-Haytham, el erudito musulmán que desarrolló la óptica moderna, así como sobre sus predecesores Euclidio y Ptolomeo, cuyas ideas él desafió?

Al trabajar en colaboración para salvar el abismo entre el Oriente y el Occidente, entre el Norte y el Sur, entre las economías en vías de desarrollo y las desarrolladas, entre los entornos urbanos y rurales, estaremos redefiniendo lo que significa ser culto.

Equilibrar lo universal y lo particular es un reto antiquísimo –tanto intelectual como práctico– pero bien podría convertirse en un reto aún más difícil a medida que pase el tiempo y el planeta siga encogiendo. Después de todo, no es lo mismo hablar de la comprensión cultural cuando "el Otro" vive al otro lado del mundo que cuando "el Otro" vive enfrente de tu casa.

Admiro el deseo de la organización IB de adoptar los retos culturales de nuestra era, de desplazarse a partes del mundo y a áreas de la sociedad en la que ha sido menos activa en el pasado, pero todos deberíamos tener claro que, al emprender tales proyectos, las personas con las que trataremos presentarán distintos retos que antes. Cuando elijamos nuestros objetivos de oportunidad, deberíamos examinar los entornos y considerar detenidamente los cambios que pueden hacer que estos programas sean más pertinentes en el futuro.

Hay gente que nos dice que la globalización es un proceso inevitable. Quizás sea verdad en ciertas áreas de actividad, pero no hay nada inevitable sobre globalizar los enfoques y estándares de la educación. Conceptualizar un sistema de exámenes global es uno los esfuerzos intelectuales más difíciles que puedo imaginar, si bien también debería ser uno de los más emocionantes. El estímulo intelectual derivado de trabajar en tal tarea podría mantener ocupados durante décadas a los mejores educadores del mundo. No obstante, esta tarea podría ser más viable gracias a la ventaja ya obtenida por la organización IB al pensar acerca de un plan de estudios global. Su experiencia en IB, independientemente de las Academias Aga Khan, así como de sus conferencias Peterson a lo largo de los años, ofrecen una excelente base para dicho proceso.

A medida que IB se extiende más allá de las culturas judeocristianas en las que más experiencia tiene, tendrá que ir convirtiendo a educadores de otras áreas del mundo en sus partícipes más nuevos. Esto probablemente supondrá crear expresiones más explícitas de la ética cosmopolita, fundada, a ser posible, en valores humanos universales; podría bien tratarse de un proceso progresivo y de constante desarrollo, uno que será cada vez más inclusivo pero que podría no completarse nunca.

¿Qué significaría, por ejemplo, para el programa IB trabajar principalmente en sociedades rurales, donde nunca ha habido los recursos o incentivos para respaldar una educación seria y continua? ¿Qué significaría aplicar los conceptos de pensamiento crítico y juicio individual en sociedades sumidas en una deferencia habitual a la edad y la autoridad, a las reglas y a los rituales.

¿Qué le haría falta a una organización que está profundamente arraigada en la tradición humanista occidental para hablar con pertinencia en marcos culturales profundamente no occidentales. ¿Y cómo deberíamos abordar los retos de la educación moral –derivada de los valores universales– en marcos en los que las lealtades religiosas e ideológicas son particularmente intensas?

Hago estas preguntas, no porque ya tenga las respuestas, sino porque pienso que plantear tales preguntas será esencial para nuestro progreso. Las hago no para desanimarles en sus intentos para establecer contactos, sino para animarles a que, cuando establezcan contactos, lo hagan con plena compresión de los riesgos y las tensiones que sin dudan tendrán que afrontar.

Yo creo que nosotros podemos encontrar respuestas a estas preguntas. Quizás no sean respuestas completas y perfectas, pero por lo menos contaremos con respuestas iniciales, respuestas tentativas, respuestas sobre la marcha. Y cada paso en nuestro camino nos enseñará un poco más.

Lo esencial es que busquemos.

En el análisis final, el gran problema de la humanidad en una era global será equilibrar y reconciliar los dos impulsos de los que he hablado: la búsqueda de la identidad distintiva y la búsqueda de la coherencia global. Lo que, a fin de cuentas, requerirá de nosotros este reto, es un profundo sentido de la humildad personal e intelectual, la comprensión que la diversidad misma es un don de lo Divino, y que abrazar la diversidad es una forma de aprender a crecer –no para diluir nuestra identidad, sino para enriquecer el conocimiento de nosotros mismos.

Lo que se requiere va más allá de la mera tolerancia, afinidad o sensibilidad –unas emociones que un alma generosa suele poder suscitar por voluntad propia. Una sensibilidad cultural verdadera es algo mucho más riguroso, e incluso más intelectual. Implica tener una disposición para estudiar y aprender a través de las barreras culturales, una capacidad para ver a otros de la forma en que se ven a sí mismos. Esto es una tarea difícil, pero si la llevamos a cabo descubriremos que, en efecto, lo universal y lo particular pueden reconciliarse. Según reza el Corán: "Dios creó al hombre y a la mujer y os convirtió en comunidades y tribus para que os conocierais el uno al otro". (49.13) Son nuestras diferencias lo que tanto nos definen como nos vinculan.

Confío en que el programa IB seguirá labrando éxitos a medida que vaya ampliando su liderazgo hacia nuevos ruedos en las décadas venideras. Pero resulta que una variable clave será el espíritu con el que enfoquemos estos nuevos compromisos.

Sentiremos una fuerte tentación de considerar a estas nuevas fronteras como lugares a los que podemos aportar algún don especial de conocimientos acumulados y sabiduría veterana. Pero yo advertiría que no debería ponerse tal énfasis. La razón más importante para que nosotros abracemos estas nuevas oportunidades radica no tanto en lo que nosotros podemos aportarles a ellos, sino en lo que nosotros podemos aprender de ellos.

Muchísimas gracias.

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